jueves, 26 de mayo de 2016

¡Mamá, Papá! ¿Por qué no puedo decir groserías? Las groserías y el desarrollo lingüístico infantil.



En un viaje a la playa el fin de semana pasado, mis amigos, todos ellos padres modernos, hablaban sobre las preguntas que sus hijos les hacen con respecto a su vida y al entorno, por supuesto surgió el tema de las groserías. Solemos pensar que el hecho de decir groserías o no es una decisión únicamente moral, por lo que generalmente contestamos a los niños “puedes decir groserías sólo en casa, pero no en la escuela y jamás frente a tu abuelo”. Lo cierto es que las groserías, más allá de un conflicto moral, representan un conflicto de desarrollo lingüístico y cognitivo, incluso para los padres y adultos que las utilizamos.

Todas las lenguas tienen groserías y sinónimos ¿cuál es la relación? encontramos que muchas de las groserías que utilizamos cotidianamente han venido a sustituir palabras que solían ser sinónimos. Por otro lado cabe mencionar, que ningún sinónimo es realmente idéntico, por ejemplo, a nivel social no es lo mismo “morir” que “fallecer”, las personas comunes “morimos” y las celebridades “fallecen”… Así mismo no es igual hablar de una persona déspota, que de una persona petulante, altiva, presumida, pedante, fatua, vana o presuntuosa. Cada una de estas palabras del español tiene un pequeño grado de distinción que nos remite a personas ligeramente distintas entre sí y que, sin embargo, en el español de México englobamos con una sola palabra: “mamón”. Es así que por lo menos ocho palabras quedan reducidas a una única manifestación del lenguaje que significa todo eso y más, por ejemplo: delicado, sofisticado, extremadamente sensible, etc. Incluso sus significados van creciendo conforme se va utilizando, la grosería “mamón” ha ido y seguirá engullendo palabras, es así como cada grosería puede englobar más de diez palabras con significados diferentes.

Todo esto puede parecer inocuo, sin embargo, el hecho de mantener al cerebro alerta con respecto a palabras que necesitamos o necesitaremos para describir, nombrar o explicar situaciones, es una habilidad absolutamente necesaria a nivel cognitivo, incluso para un adulto, recordemos que con respecto al organismo todo lo que no se usa, se oxida y cuando estas habilidades son requeridas a un niño, la función se vuelve más que vital, puesto que desde la más tierna infancia el cerebro se desarrolla según el requerimiento y los retos a los que sea expuesto. Si un niño aprende a denominar a todas las personas presuntuosas, petulantes, pedantes, déspotas, fatuas, vanas, presumidas, delicadas, sofisticadas o sensibles como “mamonas”, su desarrollo neuronal no será el mismo que un niño que aprende a preguntar si Tony Stark puede ser llamado petulante o mejor presumido, el padre puede contestar “pedante” y enriquecer así su vocabulario, mucho mejor que si se acostumbra a decir que Ironman es simplemente “un mamón”.

Y claro, la lingüística no sólo se enfoca al lenguaje por sí mismo, podemos adentrarnos en un nivel psicológico. La resolución de problemas también se aprende desde la infancia. Si un niño se acostumbra a resolver todo mandando a la gente a la “chingada”, grosería muy común en el español de México, es probable que no se enfoque en hacer una retrospección del conflicto, sus sentimientos y sus sensaciones. Las palabras no únicamente significan cosas, objetos o muebles, nos ayudan a inspeccionar el mundo externo e interno, por lo que resulta fundamental pensar antes de decir cualquier cosa, incluso cuando se está enojado. Expongo pues el siguiente ejercicio, que aseguro ayudará a más de un adulto.

Una mujer que está sufriendo un secuestro por amígdala (la amígdala es esa parte del cerebro que actúa con el instinto atacar-huir), enfurecida con su marido por olvidar el aniversario, le grita “¡maldito estúpido! ¡Eres un idiota!” Lo que sucede posterior a ello es un drama bien conocido. Qué diferencia si ella accede mejor a su cortex prefrontal (el raciocinio que frena el instinto atacar-huir cuando no es necesario), reflexiona y busca las palabras que realmente quiere decir: “te has portado egoísta, insensible y descuidado, pareciera que no te importa en absoluto lo que siento”. Claro que cualquiera puede tachar esta respuesta como fría, además somos latinos y pareciera que esto de reflexionar no se nos da, pero siendo bien honestos, es absolutamente obvio cuál de los ejercicios anteriores tiene perspectiva de solución y cuál está generando un conflicto aún mayor. Ahora, si hablamos de niños la situación es aún más importante, puesto que ellos aprenderán, a partir de lo que nosotros les enseñemos, con nuestras acciones ellos aprenderán a ser más o menos agresivos, reflexivos y analíticos, habilidades que no sólo van a colaborar con sus relaciones sociales, además influyen en su nivel cognitivo, es decir, su inteligencia. Abajo les dejo un artículo de la Universidad de Harvard donde dice que el desarrollo infantil temprano influye incluso en la economía. Pensemos además en los casos en que los padres necesitan saber si algo malo le ocurre a su hijo, lo ven triste, decaído y le preguntan qué le sucede, lo último que desean escuchar es “estoy jodido”, necesitan información más precisa, ¿cierto?

Por estas razones es necesario enseñar y procurar a los niños un vocabulario lo más amplio posible, esto no solo los ayudará a desarrollar sus conexiones neuronales mucho más, además les ayudará a hacer racionales sus reacciones, a reflexionar sobre el entorno y a nombrar sus emociones. Así que cuando tu hijo te pregunte ¿por qué no puede decir groserías? Puedes dar la respuesta fácil y decirle que su cerebro no se desarrollará igual si lo reduce todo a un puñado de palabras que además son agresivas. Y por supuesto en edad escolar, dale la oportunidad de decidir si en su entorno social, es decir, cuando está a solas con sus amigos, puede decir groserías, puesto que tampoco deseas que se aísle o sea segregado. Además, estas decisiones lo ayudarán a crear diferentes dialectos para diferentes situaciones, eso también contribuye con su desarrollo intelectual y además psicosocial. 

Artículo sobre el desarrollo temprano y la economía:

Más información sobre el desarrollo lingüístico infantil: